Las tasas de crecimiento antes del destete determinan el desempeño de por vida
No hay nada más importante para la vida de una becerra y su futura productividad que la calidad y la cantidad de calostro que recibe durante su primera hora de vida extrauterina.
Cuando se combina un excelente manejo del calostro con un programa de alimentación de la becerra mejorado que duplica el peso al nacer al momento del desleche, se ganan cerca de $200 más por novilla. Y esto no toma en cuenta una edad más temprana al primer parto (hasta de 70 días) y mejores tasas de sobrevida (8%).
Sin embargo, muchos productores lecheros creen que las becerras lerdas pueden compensar más tarde las ganancias de peso. Esto no es así. Según Mike Van Amburgh, zootecnista y especialista en becerras de la Universidad de Cornell, "la mayoría de los neonatos, incluyendo las becerras pre desleche, no tienen mecanismos compensatorios de ganancia de peso. "Los efectos de las restricciones a una edad temprana (como una pobre respuesta inmune o un crecimiento más bajo de lo normal) son difíciles de superar".
La importancia del calostro no puede sobrestimarse. Según Fernando Soberon, estudiante graduado que trabaja con Van Amburgh, "las becerras en las que falla la transferencia pasiva de anticuerpos desde el calostro tienen ganancias de peso diarias por debajo del promedio, paren más tarde y muestran una disminución en su producción de leche y grasa durante la primera lactancia".
Por cada unidad de IgG sérica por encima de los 12mg/ml (medidas desde las 24 a 48 horas después de suministrar calostro) hay un incremento en la producción futura de leche equivalente a 18,7 libras. Las becerras con fallas en la transferencia pasiva además tienen un 50% menos de eficiencia alimenticia.
La razón de esta menor productividad no se comprende claramente; investigaciones recientes apuntan a que las becerras tendrían que usar la energía destinada al crecimiento para establecer una respuesta inmune.
Las becerras nacen con aproximadamente un 4% de grasa corporal, pero solamente la mitad de esta puede ser movilizada para proveer energía extra. Van Amburgh dice que "esto le brinda a la becerra hasta cuatro días de reservas de grasa dependiendo de las condiciones ambientales".
"Una vez que se terminan las reservas de grasa, a los fines de generar calor o de solidificar su sistema inmune, y si el consumo de nutrientes es menor que los requerimientos de mantenimiento, la becerra depende del consumo de alimentos o de la proteína corporal".
Entonces, la clave para que las becerras comiencen bien: Deben recibir al menos cuatro litros de calostro limpio, de buena calidad, dentro de la primer hora de nacidas, y una segunda toma ocho a doce horas después. Van Amburgh dice que "minimizar la carga bacteriana del calostro es probablemente una de las mayores preocupaciones del manejo en muchas fincas" (Ver separata).
Investigaciones realizadas allá por 1994 muestran que los programas de alimentación de becerras mejorados traen aparejados como resultados más producción de leche cuando las vacas son adultas.
De nueve estudios que compararon becerras alimentadas tradicionalmente con becerras que recibían hasta un 50% más de nutrientes como dieta liquida, ocho mostraron una respuesta positiva a la producción de leche. Cuando los resultados son promediados entre si, incluyendo el estudio sin respuesta, las becerras bajo programas mejorados promediaron unas 1.500 libras más de leche.
El hato lechero de la Universidad de Cornell, el cual ha estado bajo un programa de administración de alimento mejorado por diez años, posee datos de más de 450 becerras, hoy ya vacas en su tercer lactancia. Van Amburgh dice que "hemos encontrado un efecto de por vida en la producción de leche promedio que está por arriba de las 6.000 libras de leche dependiendo de las tasas de crecimiento antes del destete"
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Dairy Today - November 2011